
Technicolor
En Technicolor, Miguel Carabajal expande su investigación de la pintura fluida hacia un lienzo de gran formato para edificar una obra que trasciende el paisaje abstracto y se revela como un honesto autorretrato de la arquitectura psíquica del propio artista. Renunciando a la máscara de la fisonomía humana, el creador proyecta su interioridad mediante una monumental masa roja que coloniza el centro del plano como el núcleo de su fuerza vital, su sangre y su pulsión existencial. Esta identidad cromática central es cercada y presionada de manera constante por un firmamento perimetral de amarillos eléctricos, verdes selváticos y azules intensos que emula los estímulos, el ruido y los impactos del mundo exterior. Lejos de entregarse a la aleatoriedad del medio fluido, Carabajal dirige estas fuerzas en tensión; los filamentos y trazos blancos que surcan la superficie operan como fracturas protectoras, fronteras provisionales trazadas por el autor para preservar su cordura ante el caos externo. Finalmente, en el corazón exacto de la masa roja, un núcleo celular oscuro y profundo desvela la dimensión de la sombra junguiana del creador: un espacio de introspección donde la exuberancia creativa y la penumbra íntima conviven dentro de una misma experiencia vital. Technicolor no busca representar una realidad cromática decorativa, sino ofrecer un espejo directo al subconsciente de un artista que se muestra al mundo con absoluta y desarmante honestidad. 2022 · 80 × 80 cm · Acrílico fluido sobre lienzo Expuesto en España y Suiza.

Vuelo Herido
Tamaño de la obra : 40 Longitud x 40 Ancho x 4 Alto cm
Una criatura híbrida, situada entre el ave y la mariposa, parece elevarse dentro de un espacio abierto y vibrante. Su cuerpo rojo concentra energía, movimiento y vida, hasta que un elemento azul irrumpe y lo alcanza en pleno vuelo. En el punto de contacto surge una forma amarilla. No pertenece enteramente al cuerpo ni al objeto que lo hiere: es una nueva realidad producida por el encuentro. La herida deja de ser únicamente ruptura para convertirse en transformación, memoria y conciencia de lo vivido. Miguel Carabajal construye la escena mediante formas biomórficas, contornos negros y colores primarios que pueden recordar el universo poético de Joan Miró. Sin embargo, la obra desarrolla una narrativa propia: el vuelo no se extingue, pero ya no puede continuar siendo el mismo. Vuelo herido habla de aquello que nos alcanza cuando intentamos elevarnos y de cómo toda herida verdadera modifica nuestra identidad. La criatura continúa viva, aunque lleva incorporada una forma nueva: la evidencia visible de lo que le ha sucedido. 2024 · España · Pintura y técnica mixta sobre lienzo

Terraviva
Tamaño de la obra : 40 Longitud x 40 Ancho x 4 Alto cm
Año: 2022 Dimensiones: 40 × 40 cm Técnica: Acrílico fluido sobre lienzo En Terraviva, la tierra no aparece como paisaje, sino como materia viva, herida y fecunda. Marrones profundos, negros, blancos y rojos se entrelazan en una composición densa, orgánica y casi corporal. La superficie parece contener estratos, raíces, cenizas, sangre y minerales, como si el suelo revela aquello que normalmente permanece oculto bajo su apariencia inmóvil. Miguel Carabajal construye una imagen de la creación entendida no como armonía serena, sino como proceso de ruptura, mezcla y nacimiento. Las zonas blancas emergen como alientos, restos o signos de una presencia que atraviesa la oscuridad; los rojos introducen calor, sacrificio y energía vital; los tonos terrosos sostienen la obra como una materia primordial de la que todo procede ya la que todo regresa. El título afirma que la tierra vive. No como metáfora decorativa, sino como realidad profunda: recibe, transforma, descompone y vuelve a engendrar. En la obra, la materia parece padecer y, al mismo tiempo, alumbrar. La vida no surge al margen de la oscuridad, sino desde su interior. Terraviva propone así una visión casi teológica de la materia: la tierra como origen, sepultura y promesa de renovación. 2022 · 40 × 40 cm · Acrílico fluido sobre lienzo

Pájaro Gordo
Tamaño de la obra : 29.7 Longitud x 21 Ancho x 0.1 Alto cm
En Pájaro gordo, un ave de cuerpo redondo contempla el espacio abierto con un deseo esencial: volar. Nació para hacerlo, pero su propio peso se lo impide. La escena, construida con formas simples y colores intensos, combina humor y melancolía para hablar de una libertad que permanece cercana y, al mismo tiempo, inaccesible. Miguel Carabajal convierte al pájaro en una metáfora del ser humano contemporáneo. La obra cuestiona una cultura de consumo que promete bienestar, satisfacción y plenitud, pero que termina acumulando peso sobre la existencia. Objetos, hábitos, necesidades fabricadas y excesos pueden ocupar tanto espacio que dificultan el movimiento y nos separan de nuestros deseos más profundos. El cuerpo desproporcionado del ave no representa únicamente una condición física. Simboliza todo aquello que acumulamos sin advertir que también puede inmovilizarnos. El pájaro conserva la naturaleza y el deseo del vuelo, pero ha sido apartado de ellos por una forma de vida que confunde abundancia con libertad. Pájaro gordo es una crítica al consumismo, pero también una invitación a recuperar la ligereza. Mientras el deseo de volar permanezca, todavía existe la posibilidad de desprenderse del exceso y volver a intentarlo. 2024 · España · 21 × 29,7 cm · Dibujo y técnica mixta sobre papel

AdMiró I
Técnica: Acrílico sobre papel de dibujo A3
Artista: Miguel Carabajal
Año: 2026 Herencia, materia y transformación del signo.
En AdMiró I, Miguel Carabajal establece un diálogo consciente con la tradición biomórfica y surrealista del siglo XX. El título parte de una admiración explícita hacia Joan Miró, pero no se detiene en la cita: la referencia histórica se convierte en un punto de partida para explorar una gramática propia basada en la relación entre forma, materia y vacío.
Sobre el papel blanco, las masas acrílicas adquieren una presencia densa y casi corpórea. La gran forma negra de la derecha, la estructura menor de la izquierda y los núcleos cromáticos suspendidos no se presentan como figuras cerradas, sino como entidades en tensión. Una línea fina las vincula y convierte el espacio intermedio en parte activa de la composición.
El rojo, el azul y el amarillo aparecen como pulsos dentro de un campo dominado por el contraste entre negro y blanco. No describen una escena ni construyen una narrativa literal; funcionan como signos, interrupciones y focos de energía dentro de una estructura deliberadamente contenida.
La obra se sostiene en esa economía de elementos. El vacío no es fondo ni ausencia, sino una zona de respiración que organiza la mirada y amplifica el peso de cada gesto. La irregularidad del trazo, visible en los bordes y en la densidad variable del acrílico, conserva la huella directa de la mano y refuerza el carácter material de la pieza.
En AdMiró I, Carabajal no busca reproducir un lenguaje heredado, sino atravesarlo. La admiración funciona como umbral: desde la memoria de una tradición reconocible, la obra avanza hacia un territorio más íntimo, donde el signo biomórfico, la materia y la relación entre cuerpos comienzan a definir un vocabulario propio.